martes, 25 de agosto de 2009

Delirio y paradoja en "Para no morir del todo" de Faver Páez

Por José Daniel Suárez Hermoso







Siempre se preguntó de qué manera la muerte
le ocurría un día en que, por descuido,
dejara los ojos abiertos ante un paisaje
o se diera la vuelta para admirar un rostro.
Alfredo Villanueva

Faver Páez se hace evocación y autobiografía; vigilia y delirio, como si la imagen poética fuera la permanencia de los días, esas ligeras apreciaciones de las cuales difícilmente salimos. Fronteras que hacen profundas tautologías en las relaciones de las causas humanas.

PARA NO MORIR DEL TODO, libro por demás esperado, consagrado al celebratorio de ser voz, antes que palabra o rasgo. Existe en él un cultivo profundo del verso libre como orquestación idiomática del poema. Versos que navegan en las fuentes creadoras de la modernidad de la poética iberoamericana: Manuel Bandeira y Octavio Paz, paradigmas enunciativos del texto. Pasajes obligados en las diversas interrogantes que el humano vivir ofrece en los laberintos de la vigilia, el deseo y el delirio como paradigma.

Todas sus temáticas proceden de las interrogantes que el mundo abordable de la bohemia nos deja: rasgos de Pedro Flores, Jaramillo, Infante y Solís, están presentes subtextualmente. Como ese "La vida no vale nada" de Pedro Infante.

Faver Páez expresa en su ars poética muy personal, la milagrosa paradoja de fijar las imágenes en el tiempo. Tal vez la poesía sea la piedra de salvación, ese lugar flotante que nos devuelve la capacidad de soñar y al mismo tiempo (co-celebrar), que dentro del mundo de las sombras está la utopía de no morir del todo.

Esa versatilidad, el hecho de salir de las sombras. Tomasa Ochoa nos dice: "Eso somos después tos/una sombra". Y no morir del todo sería entonces vencer las sombras o unirse a ellas para hacerse más grandes. Tales son las contradicciones del "Simple y complicado vivir" como dijera Juan Sánchez Peláez. La concepción poética está fundamentada en la libertad que tiene la poesía de expresarse en el limbo de la otra orquestación idiomática y la paradoja del vivir estaría en la permanencia de lo lúdico. Poesía: "Calidad de lo humano para esa necesidad humana" en la expresión de Rodolfo Moleiro. Poesía desafiante en el laberinto de las desprevenidas utopías en labios de Bandeira.

A Faver Páez hacía días que la poesía lo rondaba y al final alcanzó su rosa de los vientos: poesía afortunada en los labios de Octavio Paz.

Todo tránsito de la muerte tiene sus laberintos: la presenia y la ausencia. ese dejar, damos en ofrenda y ser un asceta ahuecando la metafísica de la razón poética.

Quien quiere esta distancia/y este caballo loco
le regalo ambas cosas/y otras más/las he
cargado conmigo/demasiado tiempo.

Para Faver, tránsito es viaje, particularidad y fragmentación.

para donde voy ya no me sirven/quién quiere estos
huesos amarillos/quién.

El poeta se encuentra con el mito. Tal vez estos huesos amarillos sean la imagen anticipada de la realidad. Un Caronte que se desplaza por el río de la vida, sin artificio, sólo con la ausencia y la vigilia como realidad posible en lo que sería el imperio de la noche. Para él todo tránsito es doloroso, sobre todo el del decurso inevitable de los días: esas complementariedades de la razón, sin las trampas cotidianas de la virtualidad.

mis amigos no cantan/quizás el sábado/lloren en su silencio.

Quien celebra llora la ausencia, sueña la soledad en las particularidades de la posteridad. "Contigo y sintigo": como dijera el escritor puertorriqueño José Luis Ramos Escobar, o "aquello que estando dentro de mí, en la distancia, me hace doler" en voz de Fernando Pessoa.

Las formas o el fruto boreal de los días también son razón del azar desmedido y cruel. Pero si la naturaleza lo martiriza, en el hecho mismo de decidirse a asumir una sobrenaturaleza, ésta se mistifica: tal es el caso de la piedra como concepto, como voz, como paradigma y, por qué no decirlo, paradoja.

Amanezco/del lado más dulce de la piedra.

La piedra, al ser interrogante, es angustia, una amargura inesperada desde el día inicial. Sin embargo no se niega, afronta su realidad, su convexidad, amanecer del lado más dulce, buscar aquel lado que no interrogue. ¿Hasta qué punto la piedra es una interrogante que descansa en nosotros, profundas e interminables angustias?

En PARA NO MORIR DEL TODO, encontramos poemas que son un largo monólogo interior: el sentimiento de evocación, el sueño de lo humano. Una realidad social y doliente, en expresión de don Miguel de Unamuno.

Una larga calle/con una iglesia/al fondo y en el centro/un niño/solitario/1920.

Imagen doliente, expuesta a la manera de George Oppen. Debe ser el cuerpo, el espejo, el lugar donde la sombra se refugia para atormentarnos en los laberintos de la ausencia.

Tócate el cuerpo/en la mañana/y sabrás/cuanto pesa/una noche.

Faver Páez es un poeta del new romance por creer en la noche y fortalecer su imperio. Novalis, Goethe y los modernistas venezolanos de comienzos del siglo XX: Paz Castillo, Rojas Guardia y Gerbasi, en senda al creacionismo son sus paradigmas. La noche es lugar común, ese punto de partida, ese lugar inicial del ser romántico.

La muerte/debe pesar/como un millón/de noches juntas.

Para él la noche es muerte, sueño profundo, vigilia y delirio, y pudiera afirmarse que hay un miedo a la noche, un miedo a no despertar. Miedo a la manera de Goethe: "Porque para dormir tengo toda la eternidad". En el mundo de lo romántico, la noche de la eternidad no es impredecible, pero sí esperada.

Escribo un poema/en la mañana/para lavar las ruinas/de la noche.

En el mundo de lo romántico, sólo la poesía nos salva de la noche o nos condena por el ejercicio de la orquestación idiomática.

Mi cuerpo trasnochado/cruza adormecido/la avenida/y le saluda/desde lejos.

Y sin embargo, en todos los laberintos de la noche está el delirio: cambiar la realidad, reinventarla para soportar la ausencia. Para él la noche es vigilia de la muerte, llegar a la mudez, a lo inexplicable.

Los días que me restan están en la memoria/de la piedras.

Al asumir la vida como un artificio tratamos de escondernos en la otra realidad. D.H. Lawrence nos dice: "No busques nada, nada que no sea la verdad". ¿Hasta qué punto soy yo un gran mentiroso?, Faver Páez habla con su voz queda.

Quien va a sbaer/que tú y yo somos mentira.

Y salta inesperadamente al realismo lúdico, romántico tal vez.

Nadie ama así/como nosotros
full bandera/a borrachera tibia.

El poeta viaja del día a la noche, creando lugares, geografías, artificios.

El vaso vacío/al lado de la cama/recoge las gotas de la noche.

Él vuela con el aire oculto de cada noche creando lugares separables.

Tú duermes/tan hermosa/mientras yo escucho alucinado el gotear del misterio.

Definitivamente encuentra el mundo del delirio, se refugia en su canto nocturno, hasta ser esencia para el ejercicio inevitable de la bohemia.

No vale nada/la vida.
A la manera de Solís, Infante o Negrete, el bolero es concebido como un ejercicio de nocturnos en la imagen poética. Para él la temporalidad es un lugar firme, ligero y versátil. Particularidad del tiempo, concepción relativa de la vida.

Miro una tarde/de otro tiempo.

¿Cuál sería la tesitura de la alegría en esta concepción poética del delirio? André Bretón afirma: "No concibo la alegría sino como una entrada del aire al espítitu". Para Faver Páez, la alegría está en el otro extremo. Está en la naturaleza a la manera del Romanticismo, él se refugia en el mundo de afuera:

Cuando el árbol/más joven de la plaza/lanza sus ramas en el viento/la alegría llega muy lejos.

Un concepto de alegría como aire al espíritu. Él persigue esta alegría con lentitud. En la muerte se deja ver esa gran utopía de la percepción formal del mundo interior. Cuando la muerte es vigilia (se deja ver) dice Cervantes en boca del Quijote, la muerte expuesta es parsimonia y contemplación. Ella lo contamina en su tránsito, es una muerte que se deja ver.

Estoy como otras veces/asomado a la muerte.

Una sobre realidad que el poeta no explica y que se manifiesta como imagen en secreto, una muerte expuesta a la manera de Boggio, una muerte renacentista, indomable y lentamente cruel.

Quisiera entonces/tenderme a soñar bajo los ojos/de la
mujer que amo/tal vez así mis muertos/me inviten a su reino/y a su olvido.

La muerte se nos muere en el mundo de los imposibles. Esa expresión lírica que se profundiza cual un río innegable en lo más profundo de lo humano. Toda muerte es tránsito de lo revelable y toda revelación, seguimiento de las causas humanas que descubrimos en los laberintos de la mortalidad.

Revelación/que me abruma/hasta el agotamiento/y el delirio.

Toda revelación es luz, así como el paraíso secreto de las imágenes.

Mirar/la materia oscura/de la luz
Calladamente busco/mi lugar secreto
Abro la puerta/del misterio.

Él retoma la hidalguía como lenguaje de la muerte, como razón de esperanza: "Nadie tiene más esperanzas que el que lo apuesta todo" decía Julio Flórez.

Mi padre/lo jugó todo/a los dados/pero guardó/el orgullo
y eso después/se lo apostó/a la muerte.

En el lenguaje de la muerte encontramos una imagen de soberbia y desafío, sin embargo está el laberinto de lo aceptable.

Y de pronto/una estatua nos dice/que hasta/la piedra
muere.

Para el poeta, la muerte es un pensamiento, un sentimiento que se desplaza en diversas direcciones pero sumergido en las interrogantes.

¿Qué han hecho de mis muertos/los aires de la muerte?
Un pequeño caballo/de crines melodiosas/posa en mi pecho.
Algunas noches/galopa suavemente/y me enfermo de infancia.
Una paloma solitaria cruza/hacia los aires/del misterio.
Son estas manos/tan abandonadas/con las que quisiera/retenerte poesía.
Cómo pesa/la palabra olvido.


Tomado del libro: Antología ensayada de la poesía postmoderna cojedeña del siglo XXI (2007). Fondo Editorial Teatro de Venezuela. Colección Los poetas en el Teatro. Escuela Regional de Teatro del Estado Cojedes.

FAVER PÁEZ nace en San Carlos (1940). Poeta e investigador de las Ciencias Sociales; licenciado en Historia egresado de la Universidad central de Venezuela, con Maestría en Historia de Europa, por la Universidad de Londres. Ha publicado textos literarios en revistas y periódicos nacionales e internacionales. PARA NO MORIR DEL TODO, Editorial Predios, 1999, publica la compilación de sus textos poéticos; el resto de su obra literaria se mantiene en imprenta y será editado por la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde cumple labores docentes como profesor titular.

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